El obispo de Guadalajara que no estuvo allí
Mario Puglisi
Paulo III erigió el primer obispado de la Nueva Galicia en nombre del emperador, pero extrañamente la silla episcopal se quedó en Compostela y no en Guadalajara. Inmediatamente se designó para ocupar el obispado a Fray Antonio de Ciudad Rodrigo, pero éste no aceptó tal responsabilidad y se tuvo que presentar en su lugar a Don Juan d e Barrios, quien murió antes de llegar a la provincia. Finalmente el episcopado quedó en manos del presbítero Pedro Gómez de Maraver. La Audiencia de la Nueva Galicia se impuso por orden del Papa en la ciudad de Compostela, pero el padre Maraver se opuso por tener esta ciudad en un lugar indigno y peligroso y emprendió la empresa de cambiar el obispado a Guadalajara. Esto no se logró sino hasta el primero de Marzo de 1560, hecho que a la larga propiciaría el traslado de la capital de la Nueva Galicia a Guadalajara. Lo extraño es que el cambio de episcopado significaría que quien ocupa su silla se vuelve el obispo de tal ciudad. Aún así no hay registros de que el padre Maraver haya vivido en esta ciudad, pues la silla episcopal se mudó de la ciudad de Compostela muchos años después.
Pitaya radiofónica
Alfredo Sánchez
En 1993 aparecían, a la una de la tarde en Radio Universidad de Guadalajara, tres personajes que provocaron una verdadera conmoción en el cuadrante. Trinidad Camacho –mejor conocido como Trino-, Luis Usabiaga y Octavio Limón iniciaron un programa radiofónico irreverente en el que no dejaban títere con cabeza. La Pitaya Ye Ye, nombre de la emisión, convocaba lunes, miércoles y viernes, a una nutrida legión de radioescuchas atentos a sus ocurrencias. El programa era una continuación lógica de una emisión nocturna que tiempo atrás se transmitía en la misma emisora: El Festín de los Marranos, donde participaban Julio Haro, el propio Trino, Paco Navarrete, el Ché Bañuelos y otros. En la efímera Pitaya… se burlaban de todo y de todos: de la conservadora moral tapatía, de los funcionarios gubernamentales del momento, de las mismísimas autoridades universitarias. Todo ello a través de hilarantes scketches, entre otros: El Matacursis, Provocando a la Censura o Los Cuentos del Tío Guayabito. Aunque parezca paradójico, el fin del programa no fue provocado por la censura, sino por los desacuerdos y conflictos internos entre los tres conductores del programa. A pesar de lo fugaz de La Pitaya…, años después muchísimos radioescuchas seguían recordando al desquiciado trío de conductores.
Cuando los árboles llegaron a los Colomos
Juan Carlos Núñez
Los manantiales de los Colomos son famosos desde la época de la Colonia, pero el bosque que los circunda fue formado apenas a principios del Siglo XX cuando los tapatíos comenzaron a plantar pinos y eucaliptos en los alrededores de los ojos de agua. Las fotografías de la época muestran un paisaje de lomas sin árboles. En la cima de una de ellas aparece el Castillo, construcción edificada entre 1898 y 1902, que fungió como la Casa de Administración del Agua. Poco a poco el polvoriento paisaje se tornó en un bosque. Pero la historia de Colomos comenzó mucho antes, cuando la sedienta Guadalajara colonial veía en los entonces lejanos manantiales una atractiva fuente. Desde 1600 hubo intentos por llevar esa agua a la ciudad. En 1883, Francisco Frejes escribió: “Sobre mil proyectos que formaron para traer el agua de los Colomos y del Aguacero, prevaleció el dictamen del lego (Pedro Buzeta)”. En 1947, Colomos era la principal fuente de abastecimiento de agua para Guadalajara con 202 litros por segundo. Para 2003, representaba tan solo 1.37 por ciento del total.
Tumba de tiro en Casa Vallarta
Angélica Íñiguez
Cuentan que abajo de la Casa Vallarta de la Universidad de Guadalajara había decenas de esqueletos humanos. La poca gente que lo sabía vivía aterrorizada. Y es que los enterados eran arqueólogos y antropólogos que conocían las condiciones deplorables en que la valiosa colección osteológica permanecía guardada: un sótano húmedo a veces con goteras e insuficiente en diámetro. Cuando la arqueología en México no estaba legislada aún, allá por la década de los cuarenta, el ingeniero Federico Solórzano Barreto encontró en sus excavaciones cráneos y esqueletos pertenecientes a antiguas civilizaciones del occidente del país y formó una enorme colección. Hoy tiene dos mil esqueletos completos con todo y sus cráneos, hallados en diversos entierros en espera de que el INAH proporcione recursos para su estudio y mantenimiento, y sobretodo, en espera de que no sean trasladados al D.F. Pocos conocen la colección, pues nunca se ha exhibido. Los esqueletos guardan valiosa información: su estudio permitirá conocer cómo vivían, qué comían, cómo estaba conformada su sociedad. Por ahora los huesos descansan en el Museo de Paleontología municipal ‘Federico Solórzano’ en el parque Agua Azul y si asustan a los arqueólogos, no es por gusto.
La modernidad carcelaria
Nuria Blanchart
En lo que hoy es el parque Revolución, desde Pedro Moreno hasta Lopez Cotilla y Federalismo, abarcando los jardines de la Universidad de Guadalajara y parte de Tolsa, hoy Enrique Díaz de León (en total ocho manzanas), Antonio Escobedo, gobernador de Jalisco, impulsó en 1843 la construcción de una prisión moderna donde se diera rehabilitación a los internos comenzando a funcionar en 1867 y concluyendo en 1875. Por primera vez en esta prisión existió un reglamento interno como inicio de lo que sigue predominando, y duró 70 años en servicio. En 1937, después de haber sido orgullo de los jaliscienses y temor de los delincuentes, la prisión de Escobedo se convirtió en un monstruo bizarro, no totalmente tradicional, ni lo suficientemente moderno y sin recursos económicos, sino que provocaba grandes tensiones entre la población carcelaria y fue destruida para enviar a los presos a la nueva cárcel de Oblatos construida para albergar 800 presos y que en su decadencia tenía 3,500. Ahí se generó un motín en 1977 en el que murieron 30 internos y muchos se dieron a la fuga, el incidente motivó la construcción de la prisión de Puente Grande
El mercado más grande
Juan Carlos Núñez
San Juan de Dios es mucho más que un mercado. Desde los orígenes de Guadalajara se convirtió en uno de los corazones donde palpita la ciudad y por donde transitan más de diez mil personas cada día. En el mercado, llamado oficialmente Libertad, se puede comprar lo mismo: una cabeza de puerco o una yerba medicinal, que el último programa de cómputo o un perfume fabricado en París. El tianguis que reunía a los agricultores y artesanos de la región tomó forma de edificio en 1888. En 1925 se construyó el nuevo local. Para 1957, el arquitecto Alejandro Zohn construyó el nuevo inmueble que tiene 70 puertas, 2975 locales y 70 bodegas que se extienden sobre una superficie de 44,570 metros cuadrados, lo que lo convierte en el mercado más grande de América Latina. Los especialistas lo consideran un emblema de la arquitectura regional por el uso de materiales de la zona, la habilitación de patios interiores y el uso del concreto aparente que se despliega en los techos que simulan las lonas del antiguo tianguis. En el diseño original había espacio para guardería, escuela y gimnasio. El exceso de puestos instalados en lugares inadecuados ha propiciado graves daños en la estructura del edificio.
Los cines en Guadalajara y su clasificación rigurosa
Cecilia López
En la década de los años cuarenta y principios de los cincuenta, en la época de oro del cine mexicano, asistir al cinema era una diversión obligada para los tapatíos que abarrotaban sus taquillas a la función de las cuatro. Los cines de primera vestían unas salas muy lujosas, algunos eran teatros, donde se proyectaban dos estrenos, a diferencia de los cines de segunda que sólo proyectaban cintas viejas. El Teatro Alameda, cuyo techo simulaba un cielo estrellado con nubes desgarradas y el cine Avenida, ambos en la Calzada Independencia, eran de primera. Su decoración consistía en réplicas a escala de iglesias, fuentes y casas de cantera estilo barroco. También los cines: Colón, Variedades, Rex y Reforma eran prestigiados. De segunda estaban: Juárez, Obregón, Park, Orfeón, Lux, Edén, Cuauhtémoc y Jalisco. La tabla impuesta por la liga de la decencia impedía que los ojos ansiosos del público transitaran por todas las cintas, pues tenían que apegarse a la que les correspondía: A.-Para todo el público B1.- Para niños y adultos B2.- Para niños mayores de 12 años B3.- Para adolescentes y adultos C1.- Para mayores de edad C2.- Para mayores con ciertas reservas D.-Fuera de clasificación por indecentes.
De Betini a Roberto
Alfredo Sánchez
En la Guadalajara de los ochenta surgió un movimiento de moneros que llegó a trascender las fronteras locales. Nombres como Jis, Trino o Falcón se hicieron famosos por su humor gráfico irreverente. En ese grupo estaba también otro monero que fue derivando hacia intereses artísticos de mayores pretensiones y que firmaba como Betini. Quería ser pintor y estaba seguro de que para aprender más del oficio debía viajar a Europa. Así pues hizo una exposición en la galería de Alejandro Gallo, vendió todas las obras y con el dinero se fue a Italia donde vivió, trabajó y aprendió durante varios años. Al regresar, no a Guadalajara sino a la ciudad de México, abandonó su apodo original y adoptó su verdadero nombre: Roberto Rébora, con el cual ha ganado justa fama como pintor y grabador. En el D.F. también creó una interesante editorial de libros artesanales de poesía llamada Ditoria que más adelante trajo a Guadalajara, ciudad a la que regresó en la primera mitad del nuevo siglo. Por cierto, un cuadro suyo ilustró la portada del anterior número de esta revista.
Llega el primer tren
Adolfo Ochoa
El 15 de mayo de 1888, llegó el primer tren a Guadalajara procedente de la ciudad de México. No había estación, ni bodegas, ni cosa que se le pareciera, para atender a los pasajeros y despachar la carga. En enero de 1891, la Gaceta Mercantil, denunciaba que “después de dos años y medio de ferrocarril, no tenemos una miserable estación con bodega”. A este reclamo, la empresa Ferrocarril Central respondió con un proyecto de estación en el área de lo que hoy en día es 16 de Septiembre y Libertad. La Cámara de Comercio censuró abiertamente la actitud poco previsora del Ayuntamiento de 1888 que señaló o permitió a la empresa fijar el sitio para su estación, en pleno centro de la ciudad a sabiendas de que más temprano que tarde, sería un grave problema urbano. Contra viento y marea, el proyecto siguió adelante, no sin roces entre comercio, Ayuntamiento y empresa transportista. Lo inadecuado del lugar para la estación no sacó de su terquedad a la empresa y el Ayuntamiento. Todavía más, como queriendo demostrar quién tenía el poder al Ferrocarril Central, construyó la estación cuando le vino en gana varios años después; un día abría una zanja, otro, levantaba una pared; luego, abandonaba las obras. Total, para corajes no ganaban los tapatíos.
La tele
Álvaro González
No podía haber sido de otra forma y antes de que la tierra se aplanara gracias a la globalización. Incluso hoyendía la fórmula sigue funcionando si bien con menos rigor: el ‘progreso’ primero se sirve en la Mesa Central y luego salpica al resto del país. Diez años tomó cubrir una distancia que en línea recta no llega a 500 km; enorme la brecha entre Chapultepec 18 y Alemania esquina con Tolsa. ‘Telesistema Mexicano’ se llamaba entonces, y Guadalajara al filo de los años sesentas ya estaba enterada de ese prodigio tecnológico llamado ‘televisión’ y cuyo telesistema no alcanzaba al valle de Atemajac. Falsas expectativas, el ‘ya mero’ y dizque videntes tapatíos pescando ondas lejanas generadas incluso en Cuba con aparatos repletos de bulbos. Nada; no llegaban imágenes directamente. Pero al filo de 1960 empezó a ser levantado con toda discreción un mástil, antena, en la frontera de la Colonia Moderna y sin previo anuncio comenzaron las transmisiones de prueba. Un llamado ‘patrón de ajuste’ aparecía en negro y blanco (¿por qué se dice siempre ‘blanco y negro’?) y estacionario durante horas con música de fondo. Después aquella extraña figura –una cruz con ribetes y tonos de grises- fue sustituída por series de vaqueros dobladas al español. No hubo inauguración formal, pero el bocaboca urbano notificó el hecho: la televisión apareció en la ciudad. Bienvenido el chicle para el cerebro.
Teatro en el Anglo
Alfredo Sánchez
En la calle de Tomás V. Gómez se encontraba el más famoso instituto de enseñanza del inglés en Guadalajara de la clase media-alta: el Anglo, como se le conocía popularmente. Por ahí circulaba una inquieta directora de teatro, norteamericana ella, llamada Paty Ballinger, quien con frecuencia montaba obras en las que participaban los maestros del Instituto (gringos, casi todos). Uno de sus montajes más célebres fue Godspell, una obra musical pop basada en los evangelios, para la cual echó mano de algunos mexicanos que cantaban, actuaban y hablaban inglés, como Jaime Dipp, quien hizo el papel de Jesucristo. La dirección musical de esa obra estuvo a cargo de Susan Garza, talentosa pianista norteamericana que pasó fugazmente por la ciudad y que se acompañaba de muy jóvenes músicos mexicanos: Gustavo Orozco, Juan Carlos Ramírez y Alfredo Sánchez. Las obras se presentaban en el pequeño teatro con el que contaba el Anglo y que cumplía satisfactoriamente las modestas necesidades de los montajes. Aunque hay que decir que quizás lo más famoso del Anglo no eran sus clases ni sus obras de teatro, sino los mangos verdes “ahogados” en chile que se vendían en la esquina y que eran saboreados diariamente por los alumnos.
Trifulca en Catedral
Juan Carlos Núñez
Entre las diez y las once de la noche del 14 de junio de 1692 comenzó el pleito afuera de la Catedral de Guadalajara. El expediente legal asienta: “Habiendo salido algunas personas a victorear (SIC) a don Gerónimo de Soria por haber leído de oposición a la Canongía doctoral de esta Santa Iglesia; en odio de dicho victor, de hecho y caso pensado, estaba prevenida una cuadrilla de distintos sujetos para embarazar dicho victor, la cual salió por las calles de esta ciudad con atambores y chirimías haciendo con violencia a todos los que se encontraban victoreasen a don Francisco Sarmiento, uno de los opositores a dicha canongía”. Durante la trifulca llovieron palos y piedras, “y hubo muchos heridos”. Don Joseph Osorio Espinosa, Oidor de la Real Audiencia, salió con la intención de detener el pleito en nombre del Rey, pero en respuesta recibió una pedrada. Al día siguiente el escribano Marcos de Tapia visitó a don Joseph y asentó en el expediente uno de los más antiguos registros de la medicina legal en Guadalajara: “Le vide la boca muy hinchada y los labios de arriba y abajo, a un lado de la nariz, por el lado derecho, abiertos y lastimados por la parte de adentro; y por afuera en el mesmo lado, debajo de la ventana izquierda de dicha nariz, un rasguño pequeño… parece que del golpe se partieron dichos labios contra los dientes, y así mesmos dos de ellos algo metidos para adentro de los de abajo y uno despostillado un poco”.
¡Los valientes no asesinan!
Adolfo Ochoa
Perseguido desde la Ciudad de México por el Partido Conservador, Juárez se refugió en el Palacio de Gobierno de Guadalajara. Un grupo de rebeldes armados llegó a la Ciudad, solazándose en cazar gentes pacíficas que se aventuraban por las calles y aún dentro de sus casas. De esta manera irrumpieron los rebeldes a Palacio, hasta donde estaba Juárez y sus ministros, haciéndolos prisioneros y encerrándolos en una habitación. El 14 de marzo de 1858, el coronel Cruz Ahedo decidió liberar al Presidente, mediante una atrevida y arriesgada incursión en Palacio, pero fue repelido. Durante el tiroteo, los enemigos de Juárez se creían perdidos, por lo que decidieron acabar, de una vez, con el prisionero. Filomeno Bravo, con veinte soldados dispuestos a matar, se dirigieron hasta donde estaba Juárez, dando la órden de preparar y apuntar las armas contra él. Al escucharse el estruendo de las llaves de los fusiles; de un salto, el Ministro de Hacienda, Guillermo Prieto, cubrió con su cuerpo a Juárez, interponiéndose con los brazos tendidos contra los fusiles, y dijo: ¡Los valientes no asesinan. Somos sus prisioneros, somos sus hermanos, respeten nuestras vidas! Filomeno Bravo, sorprendido, conmovido o admirado, por tan rara energía; dudó matarlos, o dejarlos con vida. Se detuvo, y no dió a sus soldados la voz de fuego.
Acto circense en la rotonda
Mario Puglisi
A los gobernadores José de Jesús González Gallo y Agustín Yáñez, les tocó realizar los trabajos de demolición y desmantelamiento del antiguo edificio de Correos, el Templo de la Soledad y el jardín de la Soledad, o jardín Porfirio Díaz y levantar en su lugar la rotonda de los jaliscienses ilustres, que hoy abarca toda esa manzana. El jardín Porfirio Díaz cubría hacia los finales de la década de los 80`s y toda la de los 90`s del siglo XIX, poco más de media manzana; en su centro llevó un hermoso kiosco de madera y acero donde se construyó uno de los primeros Mercados de las Flores en la plaza pública al centro de la ciudad. Tal kiosco y mercado fueron construidos por el señor de Anda, quien por su cercanía en el Gobierno logró que éste fuera uno de los jardines más cuidados por las autoridades. Un evento llamativo que se celebró en este lugar fue el circo que la Compañía de Orrín presentó el 1º de Abril de 1888, y que por los altos precios estuvo poco concurrido, pues hasta las familias ricas ocuparon graderías. Fue un circo bastante innovador porque estaba constituido casi por puras mujeres.
Dícese molesto pero imprescindible
Angélica Íñiguez
El crítico literario Emmanuel Carballo se dejó consentir por el entonces rector de la Universidad de Guadalajara, Trinidad Padilla López y el rector del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Juan Manuel Durán, quienes dijeron algunas palabras acerca de él la tarde en que recibió su nombramiento como maestro emérito de esa casa de estudios. Como es costumbre en estos homenajes, la Dirección de Producción Audiovisual (DIPA) preparó un retrato documental, donde Carballo dijo lo que calló durante la ceremonia: “soy una figura molesta, pero soy también una figura imprescindible”. En ese mismo juego Padilla López apuntó: “mi querido amigo Emmanuel: hemos hablado aquí a tu favor, valga esta apología para que nos dispenses tu crítica”. Después de dicho acto se editó un librito para la ocasión llamado En pocas palabras, en el que se incluyeron textos de escritores diversos, pero también una autobiografía del homenajeado.
Las calles de Guadalajara…ayer y hoy
Hugo Torres
A través del tiempo y respondiendo más bien a la situación política que dominaba en el Gobierno de Jalisco, las calles fueron presa de esos vaivenes de tal manera que algunos nombres fueron cambiados. A principios del siglo XX, Guadalajara presentaba algunas avenidas, calles y callejones con nombres tan diversos que muchos de ellos parecían ingenuos o tomados de hechos curiosos ocurridos en la vida de la ciudad. Los nombres de las calles se registraban en placas de ladrillo elaboradas en San Pedro Tlaquepaque y se podía leer: la Acequia, el Oso, la Joya, los Gachupines, Polvorilla, Rastrillo, Chocolate, Olas Altas, el Encanto, etcétera. Por los barrios de Mexicaltzingo, Analco, el Santuario y la Capilla de Jesús en el transitorio se encontraban callejones cuyos nombres podían ser: el Cuerno, Agua Escondida, la Compañía, la Mala Hora, el Molino, los Pericos, la Nalgada, Salsipuedes, las Ventanitas, etcétera. Después del triunfo de la revolución maderista de 1910 se procedió a cambiar los nombres para dar un reconocimiento a personajes o hechos de la historia nacional. Así la calle de San Francisco fue luego Avenida 16 de Septiembre; la del Santuario, avenida Pedro Loza; la del Carmen, Avenida Juárez; la del Palacio, Avenida Corona; la de Santa Teresa, calle Morelos; el Paseo Porfirio Díaz, Calzada Independencia; las Capuchinas, Contreras Medellín; la Borrasca, Dionisio Rodríguez; la del Tequesquite, Avenida Libertad; etcétera. Esta costumbre aún no se olvida y en nuestros días hemos presenciado el mismo fenómeno, otras calles han visto borrar su identidad y adquirir nueva personalidad con los nombres de los hombres ilustres o hechos trascendentales para la comuna tapatía.

