Carl Dennis, poeta accesible

Por: 
Sergio Ortiz Jiménez

Los renombrados Premios Pulitzer son una serie de reconocimientos —veintiuno en total— que abarcan desde las conocidas modalidades de Periodismo, Literatura, Teatro y Poesía hasta otras —no tan conocidas— como Biografía, Fotografía de Noticias de Última Hora y Caricatura Editorial. Los premios se otorgan anualmente (acompañados de un cheque de 10,000 dólares) y fueron instituidos por Joseph Pulitzer (1847-1911), un emigrante húngaro que se trasladó a los Estados Unidos a luchar en la guerra civil americana y que se convirtió tras la guerra en un millonario y polémico editor; a él se le atribuye el origen del llamado periodismo amarillo. Joseph Pulitzer es célebre, además, porque en el año de 1909 denunció el pago fraudulento de 40 millones de dólares por parte de Estados Unidos a una compañía francesa, entonces “propietaria” del canal de Panamá. Pulitzer salió victorioso en el juicio de difamación en su contra por parte del entonces presidente Theodore Roosevelt (primo del también presidente Franklin D. Roosevelt). Conforme a la voluntad de Joseph Pulitzer, es el presidente de la Universidad de Columbia en Nueva York quien selecciona y decide —a instancias de The Pultizer Prize Board— a los candidatos y ganadores de los premios.

Ver la lista de los ganadores del premio Pulitzer de poesía es reconocer a todos, o a casi todos, los grandes poetas norteamericanos. Ni Elliot ni Pound aparecen en la lista, pero ahí están Robert Frost (quien lo ganó cuatro veces), Wallace Stevens, W. H. Auden, Elizabeth Bishop, William Carlos Williams, Robert Lowell, W. S. Merwin, John Ashbery, Jori Graham y Sylvia Plath, entre otros.

Los poetas que han sido galardonados en los últimos años (C. K. Williams, Stephen Dunn, Carl Dennis o Ted Kooser) son prácticamente desconocidos en los países de habla hispana. Son todos ellos poetas que se insertarían en una categoría a la que muchos escritores no les gustaría pertenecer: la de poetas accesibles; y es que la palabra accesible inmediatamente nos remite a pensar que esos poemas están destinados a un público discapacitado, en cuanto a poesía se refiere. A diferencia quizá de los poetas del lenguaje o de los defensores de la poesía difícil (ahora se habla incluso de “la mística del poema difícil”), los poetas accesibles parten de la premisa de que la poesía debe cumplir su condición esencial que es comunicar una emoción. Los poetas del lenguaje parecen resistirse a comunicar. La dificultad o hermetismo de su poesía provoca que “nadie los lea” o que se necesite de un “manual de instrucciones” para poder comprenderlos.

Digámoslo de entrada: ser un poeta accesible no implica ser un poeta fácil; así como el ser un poeta difícil no significa ser un poeta ininteligible. Ted Kooser insiste en “defender los poemas que puedan ser leídos y entendidos sin necesidad de una interpretación profesional”; y es que gran parte de la producción poética contemporánea es inaccesible no sólo porque su texto es incomprensible, sino —y sobre todo— porque su contexto es igualmente desconocido.

El caso de John Ashbery es ilustrativo. Ashbery (Nueva York, 1927), considerado por muchos como el mayor poeta vivo norteamericano o “el primer gran poeta de la edad posmoderna” (Harold Bloom), es un poeta difícil pero, pienso, accesible. Si bien su poesía es para unos “original hasta la ininteligibilidad” o para otros “incomprensible, misteriosa e inefable pero extrañamente cercana y familiar”, es indudable que posee un contenido poético, más misterioso que hermético, que va más allá de su aparente dificultad. “Intento utilizar las palabras de manera abstracta —dice Ashbery— como un pintor abstracto utiliza la pintura… Al principio yo quería ser pintor, y pinté hasta los dieciocho años, pero tengo la sensación de que como mejor podría expresarme sería musicalmente.”

El poeta que presentamos en este número de Tedium Vitae es Carl Dennis, que obtuvo el Premio Pulitzer en el año 2002. Carl Dennis (1939) es doctor en literatura inglesa por la Universidad de Berkeley en California y enseña desde 1966 en la Universidad de Buffalo, Nueva York. Su obra consiste en media docena de libros de poesía. Además del premio Pultizer, Dennis ha recibido el Premio Ruth Lilly Prize (2000) por su aportación a la poesía norteamericana.

Al día siguiente de saberse ganador del premio, Dennis fue entrevistado por el canal de televisión pública norteamericana (PBS) donde la entrevistadora le comenta: “Me imagino que el premio es algo que usted ya tenía en mente, aunque supongo que su modestia le contenía”. El poeta responde: “Si tú eres un escritor, debes tener una combinación de humildad y ambición. Es decir, debes ser lo suficientemente humilde como para saber que no sabes nada y que por lo tanto tendrás que ir a la escuela; aunque, por otro lado, tienes que ser lo suficientemente ambicioso como para creer que si realmente te aplicas en la escuela, harás algo que valga la pena. De modo que cuando recibes una llamada del Pultizer en donde se te notifica que ganaste su premio, tu parte humilde te hace recordar a toda esa gente maravillosa que admiras y que todavía no obtiene el premio; pero luego tu lado ambicioso dice algo así como: ‘sabes… creo que después de todo no se trata de una injusticia’”.

Carl Dennis publicó “El Dios que te ama” en su octavo libro de poemas, Practical Gods (2001). El poema gira alrededor de las múltiples formas que puede adoptar el tema del libre albedrío; de las consecuencias que conlleva la creencia o no creencia de que nuestro destino está fijado de antemano por una mano omnipotente. Para Dennis la reflexión no está en que Dios sabe exactamente y por adelantado lo que pasará en nuestras vidas, sino que sabe lo que debió haber pasado en nuestras vidas (“our many futures”) de haber tomado nosotros las decisiones correctas. A este respecto, Schopenhauer dice: “Todos creen a priori en que son perfectamente libres, incluso en sus acciones individuales, y piensan que a cada instante pueden comenzar otro capítulo de su vida.... mas a posteriori, por la experiencia, se dan cuenta —para su asombro— que no son libres, sino sujetos a la necesidad; su conducta no cambia a pesar de todas las resoluciones y reflexiones que puedan llegar a tener”. El Dios que nos presenta Carl Dennis en este poema es un Dios que nos ama; que nos ama no porque nos haya perdonado por no haber tomado las decisiones que debimos haber tomado sino precisamente por haber tomado las que finalmente tomamos.

Sergio Ortiz es arquitecto y mayorista de poesía de Tedium Vitae.

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