El origenl de el origen

Por: 
Ernesto Sánchez Proal

Pocos científicos han despertado tantas pasiones encontradas como Charles Darwin, el naturalista inglés. Sus ideas están muy lejos de descansar en el panteón de los recuerdos. Desde diversas orientaciones se han cuestionado sus propuestas, aunque también se han validado empíricamente muchas de sus aportaciones. Darwin es criticado por los creacionistas, interpretado por los biólogos y reverenciado por los neo-darwinistas. A casi 150 años de que se publicara El origen de las especies, el debate vital sigue presente hasta en las escuelas primarias de Kansas. Los promotores del Diseño Inteligente —los mismos creacionistas de siempre, pero reloaded— no le perdonan a Darwin que se haya olvidado de Dios en su explicación sobre el origen y la evolución de la vida. Ernesto Sánchez Proal acompaña a José Sarukhan en su recorrido por las ideas inspiradoras de Darwin.

Libro reseñado:
Las musas de Darwin, por José Sarukhán. Fondo de Cultura Económica, 1988, tercera edición 2002.

Parece que el hombre aún tiene miedo de asomarse al Universo. Me refiero a tiempo y espacio y a lo que es evidente ante nuestra mente. Es difícil de creer el hecho de que mucha gente culta e inteligente está aterrorizada aún con conceptos tan básicos y comúnmente aceptados entre la comunidad científica como la secuencia de incremento de complejidad en la organización de la materia hasta llegar a organismos capaces de entender a lo que los rodea, y en el caso de una especie de primates superiores, de modificar el medio en el que viven. Evolución. Hace recordar al avestruz de los cartoons de los años setenta, escondiendo la cabeza en un hoyo en la tierra, creyendo que si no ve al mundo externo entonces el mundo externo no lo ve.

En agosto del 2005 el New York Times publicó una noticia que parecía tomada de finales del siglo XIX: “Estudiosos de tinte político plantean dudas evolutivas” (por Jodi Wilgoren). El artículo describe el rol del Instituto Discovery, organismo financiado por algunos de los mismos cristianos conservadores que apoyaron la campaña del actual presidente de Estados Unidos. Además cita las declaraciones de George W. Bush en el sentido de que “ambas partes (evolucionistas y creacionistas) deben recibir una debida enseñanza”.

A casi 150 años de la publicación de El origen de las especies (On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life” Noviembre 24 de 1859), las ideas de Charles Darwin siguen siendo polémicas para ciertos sectores de la sociedad. Destronar al hombre de su posición especial y diferente en la naturaleza que prevalecía hasta entonces ha tenido repercusiones profundas, sin embargo es probable que ni el mismo Darwin imaginara que éstas llegarían al nuevo milenio.

Las circunstancias particulares y los avances en la ciencia y en la filosofía alrededor de la gestación de la teoría de Darwin, la publicación de El origen y su posterior impacto en la comunidad científica y la sociedad en general son tratados de manera inteligente por José Sarukhán, en su libro Las musas de Darwin (Fondo de Cultura Económica, 1988). Sarukhán, uno de los científicos más reconocidos en México por sus labor en el campo de la biología y ecología, narra en un estilo de novela cómo se fueron gestando las grandes ideas en las que —según él mismo se atreve a asumir— Darwin se inspiró para generar su propuesta sobre la selección natural y el cambio de las especies en respuesta a una mejor adaptación al medio ambiente. El autor trata de plantear el proceso mental por el cual Darwin llegó a esta conclusión a través de la revisión del trabajo de las “musas”: los pensadores y científicos que propusieron conceptos nuevos en campos como la economía/demografía (Thomas Malthus), geología (Charles Lyell), historia natural (George Louis Leclerc, conde de Buffon) y por supuesto las ideas evolucionistas de Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, conde de Lamarck. Los hallazgos de Wallace y su relación con Darwin son tratados de una manera por demás ilustrativa, así como la influencia de Joseph Hooker. Por cierto, es importante notar que antes de la publicación de El origen, Darwin desconocía el trabajo de Johan Gregor Mendel, el monje agustino nacido en Austria (en una población que ahora pertenece a la República Checa), considerado el padre de la genética y que publicó sus ideas sobre los patrones hereditarios de algunas plantas en 1866, en la anónima publicación Revista de la Sociedad de Ciencias Naturales de Brno.

Sarukhán comienza haciendo un resumen del pensamiento científico de la época antes de la publicación de El Origen, comentando que “el proceso de cómo se llega a una idea revolucionaria e innovadora en la ciencia ilustra de forma más interesante la naturaleza de la investigación científica que la idea misma”. Su libro es precisamente la descripción de este proceso, que como comenta también es “poco predecible y un tanto aleatorio”. Resalta su idea acerca de la esencia del quehacer científico, misma que según el autor reside “no tanto en el descubrimiento de nuevos hechos, sino en encontrar formas nuevas y originales de interpretarlos”.

Continúa narrando la biografía de la primera “musa” de Darwin, Charles Lyell, y cómo llegó a sus conclusiones sobre los estratos geológicos y escalas temporales geológicas relacionadas, una propuesta verdaderamente revolucionaria publicada en 1833 en la segunda edición de su libro Principios de Geología o los cambios modernos de la tierra y sus habitantes. Es revelador entender cómo a partir de una propuesta simple: el considerar que las condiciones ambientales y meteorológicas no han variado significativamente a lo largo de la historia de la Tierra (principio denominado uniformitarismo) y la observación de los efectos de fenómenos meteorológicos como tormentas sobre los aspectos geológicos en particular de algún sitio (como profundidad y distancia transversal del cauce de un arroyo, o erosión de la ladera de una montaña) Lyell pudo inferir su teoría y proponer principios que aún en nuestros días son válidos (aunque ahora sabemos de variaciones en la temperatura del planeta y en el contenido de oxígeno de la atmósfera a lo largo de la historia de la Tierra, la falta de este conocimiento no fue impedimento para que Lyell generara su teoría).

Después de Lyell, Sarukhán describe cómo el reverendoThomas Malthus llega a proponer su teoría sobre el crecimiento “geométrico” de la población humana y los riesgos que corre ésta al sólo poder incrementar de manera “aritmética” los recursos. Esta idea, publicada en 1803 en el libro Ensayo sobre el principio de la población y la forma en que afecta el progreso futuro de la sociedad, con comentarios sobre las especulaciones de mister Godwin, monsieur Condorcet y otros escritores, resultó por demás polémica y tuvo severas críticas (mientras el día de hoy, es evidente que el mayor problema de la humanidad es su propia sobrepoblación, la escasez de recursos que ello implica, y la sobre explotación del medio ambiente de una sociedad cada vez más numerosa y desafortunadamente hambrienta). Sarukhán describe las circunstancias familiares y sociales de Malthus, su educación y crecimiento y a los pensadores e ideas que lo influyeron (incluyendo por supuesto a Godwin y Condorcet, mencionados en el título del Ensayo).

El legendario viaje que Darwin hizo en el HMS Beagle es narrado con detalle y descripción casi gráfica de los lugares visitados y los episodios relevantes. Habiendo zarpado el 27 de diciembre de 1831 de Plymouth con destino principal en Sudamérica, esta embarcación navega alrededor del mundo con el fin de hacer un estudio del extremo de la costa sur del continente americano. Charles Darwin fue invitado como el “naturalista” de la misión, con la responsabilidad de colectar y documentar las especies de plantas y animales existentes en las regiones que se visitarían. Esta sección del libro incluye muchas de las 55 ilustraciones que en total se presentan, en especial sobre los 36 días de estancia en las islas Galápagos. Aquí, otra vez, el objetivo de Sarukhán es describir el proceso por el cual Darwin llega a la conclusión de que las especies no son inmutables en el tiempo y en base a eso rechazar de plano el creacionismo y sembrar en su mente la semilla de su futura teoría sobre la evolución de las especies. Sarukhán comenta que después de la estancia en las Galápagos las ideas de Darwin sobre la inmutabilidad y estabilidad de las especies “acabaron por derrumbarse ante lo que parecía ser la prueba de un mundo orgánico en constante cambio” y que “la idea del mundo, como se conocía en ese momento ‘creado’ de un solo acto, le resultaba ya inaceptable a Charles”.

La conexión entre las ideas de Lyell, Malthus y otros pensadores como sustento al pensamiento de Darwin en ocasiones no es presentada de una forma explícita por Sarukhán, sin embargo resulta evidente su secuencia lógica al leer los últimos capítulos de este libro, en donde el autor describe los eventos que llevaron a Darwin a publicar su teoría y cómo Alfred Russell Wallace llegó a una conclusión similar. De particular interés es la descripción de la sesión mensual de la sociedad Linneana de julio de 1858, en donde son presentadas por primera vez ante la comunidad científica inglesa las ideas de Darwin y Wallace, al mismo tiempo, sobre el mecanismo de evolución de las especies. A finales del verano de ese año, la revista de la sociedad Linneana publicó un artículo firmado por Darwin y Wallace en conjunto, en donde se describía su teoría, concebida en forma independiente y en desconocimiento el uno del otro, sobre la “aparición y perpetuación de variedades y de formas específicas en nuestro planeta”. Es interesante el hecho de que al final del año el presidente de la citada sociedad científica, Thomas Bell, comentara que 1858 “no se ha distinguido por ser un año de esos en los que se presenta algún avance científico que revoluciona, por así decirlo, al área de la ciencia a la que pertenece”. Por cierto, en julio del 2000 Scientific American declara a Darwin el científico más influyente de la historia.

Un regalo inesperado en este libro es la revelación, involuntaria, de la personalidad del Doctor José Sarukhán a través de comentarios o características que resalta en los caracteres históricos que él describe. Podemos darnos cuenta, por ejemplo, de su conocimiento (y muy probablemente gusto) sobre whisky escocés “single malt”, así como de sus puntos de vista sobre aspectos tan variados como la vida doméstica, el matrimonio, las mujeres y el trabajo. Sarukhán se muestra, sin buscarlo, como un hombre de valores éticos muy altos, que vive intensamente su tiempo y preocupado por el presente y futuro de este mundo. Por la historia reciente sabemos que no sólo dejó esta preocupación a nivel de una opinión, sino que ha trabajado seriamente a favor de la sociedad de este país desde diversas posiciones, incluyendo la rectoría de la UNAM (89-93 y 93-97). Sarukhán comenta sobre los avances en la tecnología y la genética: “al tener acceso a estas posibilidades, el hombre se enfrentará de inmediato a dilemas éticos de gran magnitud, y principios consagrados como básicos para la naturaleza humana”. Y sobre la explotación del medio ambiente: “en la actualidad ya no hacen falta más estudios para convencernos de que tal uso de los ecosistemas no puede continuar a menos de que estemos dispuestos a pagar un precio sumamente elevado no sólo desde el punto de vista económico, sino particularmente desde el social”. Escribe sobre el futuro de la vida en la Tierra: “La vida en la Tierra no se extinguirá, no importa que atroz cataclismo pueda desatar el hombre… Nuevas especies poblarán este planeta y nuevos grupos dominarán la faz de la Tierra en forma sucesiva. Formas y funciones vitales fascinantes poblarán continentes y mares. Mientras exista energía solar…”. En las últimas líneas del libro, Sarukhán comenta en un tono de angustia: “En nuestras manos está el convertirnos en un accidente curioso en la larga historia de la evolución orgánica del planeta Tierra (que por cierto en esas circunstancias no quedaría nadie a quién le interese) o en tener otro tipo de trascendencia”.

Darwin nunca recibió el reconocimiento oficial de la corona inglesa mediante el título de “Sir”, debido principalmente al veto de la iglesia anglicana. Esto a pesar de que en su libro eludió cualquier referencia al origen del hombre, puesto que sabía que el tema era polémico. Sin embargo, las profundas implicaciones de sus ideas aterrorizaban a sus enemigos. Ciento cuarenta y seis años después siguen asustando.

Ernesto Sánchez Proal (Guadalajara, 1966), trabaja en la industria electrónica.Es paleontólogo aficionado y miembro fundador de Tedium Vitae.

Publicado en la Revista: