Una policía a tres fuegos

Por: 
Guillermo Zepeda Lecuona

En la policía deben centrarse muchas de las esperanzas de la sociedad mexicana en revertir la situación de inseguridad. La policía preventiva es el actor más desaprovechado del sistema. Casi tres de cada cuatro servidores públicos que trabajan en áreas de seguridad, procuración y ejecución de sanciones (peritos, policías judiciales, custodios, ministerios públicos, personal administrativo) son policías preventivos uniformados (ver gráfica 1). Son 302 mil servidores públicos que todos los días salen a las calles y caminos del país a tratar de mantener el orden, servir a la comunidad y prevenir, evitar o frustrar el delito (a los que se aumentan al menos 75 mil efectivos que sirven en corporaciones de seguridad privada). En 2005, más de 41 mil millones de pesos, la mitad del presupuesto de los tres niveles de gobierno en seguridad y justicia penal, se dedicaron a las áreas de policía preventiva (ver tabla 1).
Gráfica 1.
Servidores públicos de las instituciones de seguridad ciudadana
y justicia penal en México

Con Información de la Dirección General del Sistema Nacional de Información sobre
Seguridad Pública, febrero de 2005.

Tabla 1.
Presupuesto Nacional en materia de Seguridad Ciudadana y Justicia Penal en 2005 (millones de pesos)

Municipal
Estatal

Federal

Distrito Federal

Subtotales

Policía preventiva

15,561.8
8,656.0
5,146.5
11,804.0
41,168.8

Procuradurías

10,183.6
8,143.6
2,955.1
21,282.3

Tribunales penales

2,514.0
5,575.0
848.5
8,937.5

Readaptación social

N. D.
10,470.0
1,839.0
1,075.5
13,384.6

15,561.8
31,823.6
20,704.1
16,682.1
84,773.2

Con base en información desagregada del presupuesto federal, presupuesto del Distrito Federal; para el ámbito municipal se accedió a información desagregada en algunos estados y a información del Sistema Nacional de Seguridad Pública; y para el ámbito estatal se estimó con base en información desagregada de 23 de las 32 entidades federativas1

En México se ha perpetuado un modelo de policía intensivo en mano de obra mal calificada. No existen las condiciones para que funcione una auténtica carrera policial. Ser policía en México significa tener un empleo mal pagado, de alto riesgo y con un estigma social muy negativo; por lo que se ha convertido en una actividad secundaria que se deja en cuanto surge una mejor opción. Existe una gran rotación en el personal de las corporaciones (los grupos de mando peregrinan cada tres años de corporación en corporación y los policías de línea emigran hacia trabajos mejor remunerados o de menor riesgo y estigmatización). Las policías municipales siempre tienen vacantes y la necesidad de personal propicia que los requisitos de admisión cada vez se hagan más laxos.

Después de más de una década de esfuerzos, los policías en México tienen una escolaridad promedio de 8.8 años de educación2. En México cuando hay enfrentamientos mueren más policías que delincuentes por la poca capacitación y el menor equipamiento; 60% de los policías padece enfermedades como hipertensión, obesidad, diabetes, miopía y gastritis3; aproximadamente 40% de las lesiones que sufren los uniformados son autoinfligidas o causadas por sus propios compañeros en prácticas o durante operativos, generalmente derivadas del mal acondicionamiento físico y poco desarrollo técnico.

Los policías se sienten en  medio de tres fuegos: el de los delincuentes (como los del crimen organizado) generalmente con mayor capacitación, información y mejor equipo; el de sus jefes en turno que desconfían de ellos y los someten a duras condiciones de trabajo, metas y criterios de desempeño irracionales, si no es que a prácticas corruptas; y, el ataque más difícil de sortear, el de la sociedad que los desprecia y es indiferente a sus esfuerzos y sacrificios.

Los jefes de policía tiemblan cuando se da una situación de rehenes o motines, pues sus policías no tienen capacitación para intervenir en situaciones de crisis y prefieren negociar antes que arriesgarse a un baño de sangre (policías sometidos, huyendo de manifestantes enmachetados o dando declaraciones jurídico cantiflescas a los medios de comunicación, son las tristes imágenes de una policía incapaz e impotente).

Esta poca capacidad de respuesta eficaz y el desarrollo de prácticas de corrupción han hecho que la ocupación de policía sea estigmatizada por la sociedad. En las encuestas ciudadanas reportan que 80% de los entrevistados desconfían de la policía; y son muy mal calificadas, en una escala de 0 a 10 (donde 0 es o “confío nada” y 10 “confío mucho”) la policía es calificada con 4.48 (sólo mejor que los diputados con 4.46), y la mayoría la considera incapaz y corrupta4.

Como se desconfía tanto de la policía en vez de mejorarla se ha optado en las últimas décadas por quitarle atribuciones y reducir la posibilidad de contacto con los ciudadanos al mínimo. La policía no puede prevenir, por que la información para construir mapas delictivos y alimentar la inteligencia policial son atesoradas por la policía (que reciben la información por las denuncias) que pocas veces la comparten o cuando lo hacen la actividad delictiva se ha desplazado. Tampoco puede actuar posteriormente. Si un ciudadano aborda a un oficial y le señala a un ladrón que lo robo tres días antes, el uniformado tendrá que decirle que el no puede intervenir, pues una detención en esas circunstancias la tendría que hacer la procuraduría de justicia en cumplimiento de una orden de aprehensión.

Así, la policía no puede intervenir antes ni después del delito, solo puede actuar durante su ejecución, somos un sistema “flagrantoadicto” dependemos de que el policía se encuentre con el ladrón durante la ejecución del delito. Sí únicamente se utiliza a la policía como amuletos contra el crimen o para disuadir con su presencia a los posibles ladrones ocasionales, entonces podríamos decir que son amuletos muy caros y que son demasiados policías para tan pocas atribuciones. El heroísmo y el sacrificio de muchos uniformados honestos requiere repensar y rediseñar a la policía.

Transformar legal y administrativamente las organizaciones policíacas, hacer de la carrera policial un destino de vida atractivo, mejorar la capacitación, el salario y las condiciones de trabajo son una exigencia para desarrollar el gran potencial de los servicios de policía preventiva. Que se desarrollen y especialicen los diversos ámbitos de la función policial, desde capacitar para atender y orientar a la ciudadanía; para desarrollar tareas de prevención e información entre la población en general y, particularmente en los grupos y regiones más vulnerables; para intervenir, encausar y resolver pequeños conflictos comunitarios y vecinales; para mantener el orden e intervenir en situaciones de crisis; para desarrollar mapas delictivos y diseñar programas de prevención de alto impacto; de realizar tareas de inteligencia; para realizar los trabajos de elite ante el crimen organizado, en fin una nueva policía, depurada, capaz, solvente, cercana. Quizá bastaría la mitad del personal si tiene un mejor nivel y capacidad.

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