Usigli, novelista

Por: 
Josué Valencia

Libro reseñado:
Ensayo de un crimen.
Rodolfo Usigli.
Lecturas Mexicanas, segunda serie, núm. 39.
México, 1986.

    La historia de la literatura mexicana nos ha entregado la imagen de Rodolfo Usigli como la del hombre que renovó el lenguaje del teatro en el siglo xx. Sin embargo, pocas veces se apunta el hecho de que escribió una novela, Ensayo de un crimen, en 1944.
    Los autores de su época se fijaban programas de escritura, esto es, tomaban un modelo y lo imitaban, en ocasiones como ejercicios de estilo y a veces porque deseaban estar a la altura del original. Huelga decir que esto no ocurría, y las más de las veces el resultado era penoso, como les pasó a los Contemporáneos cuando escribieron ficciones a la manera de Proust.
    ¿Qué llevó a Usigli, dramaturgo eficaz, a intentar la redacción de una novela? Posiblemente la experimentación o la audacia, pero lo cierto es que el proyecto resultó exitoso, pues escribió un texto que ha corrido con suerte y se lee con deleite y agrado.
    Quien se acerque por vez primera a Ensayo de un crimen se encontrará con una novela desafiante, que pone a prueba nuestra percepción de lo real y lo onírico, que desafía nuestra visión del bien y el mal, que nos enfrenta a nuestro temores y deseos más recónditos.
    La anécdota es simple: Roberto de la Cruz es un hombre que, cuando niño, se ha impuesto una tarea en la vida, convertirse en un gran santo o en un gran criminal. A partir de ello, Usigli construye un relato absorbente, que atrapa al lector y no le permite respirar mientras contempla cómo Roberto va descendiendo en una espiral macabra que lo conduce a su destino, aunque éste se muestre siempre elusivo. No contaremos el final, pero baste decir que su protagonista intentará por todos los medios cumplir con su cometido.
    Lo interesante del relato estriba en la capacidad de Usigli para conjugar la dicotomía erotismo–muerte, premisa alrededor de la cual giran los recuerdos infantiles del protagonista y que regirá su vida adulta, empujándolo hacia el asesinato como una de las bellas artes, pues Roberto elegirá víctimas que merezcan morir. Así, siente que cumple con su empresa y a la vez libra a la sociedad de seres indeseables.
    Quizás sea este aspecto mórbido el que llevó a Luis Buñuel a adaptar la novela al cine, contando con la colaboración de Eduardo Ugarte en el guión y la férrea oposición de Usigli, quien creía que su texto había sido traicionado. Buñuel debió incluir la leyenda “Inspirada en...” para que Usigli aceptará la adaptación de su relato, pues no deseaba que una sola línea fuese alterada; finalmente, el filme se convirtió en una muestra del talento del director español. La película se llamó La vida criminal de Archibaldo de la Cruz (aunque también se le conoce con el nombre de la novela) y fue estrenada en 1955, contando con las actuaciones de Miroslava Stern, Rita Macedo y Ernesto Alonso, entre otros. Rápidamente, y debido al suicidio de Miroslava, la cinta fue vista con morbo y se le dio un aire de anticipación macabra, pues en el filme es quemado un maniquí con la efigie de la actriz, situación que muchos vieron como premonitoria y contribuyó a la difusión de la cinta.
Es indudable que Ensayo de un crimen es una novela distinta a las que se escribieron en su momento, pues no sólo se trata de un relato detectivesco, sino de un texto que ahonda en las profundidades de la psiquis humana, en sus desvaríos e inconsistencias, pero que sobre todo, nos entrega un retrato apasionante de la Ciudad de México, sus personajes y sus pequeños infiernos morales.

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